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Bali: un oasis de amor

Llegué a la isla puede decirse que por conveniencia. Estaba finalizando mi estadía de tres meses en Australia, viajando en Guacamaya (una van) con mi hermanita y su pareja. Era hora de salir y mi tiquete a Canadá parecía no ser el camino, después de mi separación hace meses y teniendo en cuenta el frío que hace allá por esta época, sentí que quería explorar el sudeste asiático. Lo peor que podía pasar es que no me gustara y pues ahí vería qué hacer.


Bali se convirtió en un atractivo lugar donde me podía dedicar a vivir despacio, por lo menos uno o dos meses. El costo de vida no es tan alto como en otros países y mis ingresos (porque voy comenzando una nueva etapa) me permitían tener paz financiera sin incurrir en arriendos altos. Pero lo que más me llamaba del lugar era la fama del “Slow living” porque lo que más ansiaba era poder ir a un ritmo pausado, descansar mucho y poner en orden mis proyectos laborales.


Por recomendación de personas que ya habían recorrido la isla, decidí irme para Uluwatu, una parte costera (porque siempre que pueda quiero estar en el mar). Tenía una reservación por dos días en un lugar en Denpasar y luego una semana en el mar, en adelante sólo pensaba que el camino se iba a ir abriendo. Todo iba a ir siendo más claro con el pasar de los días. Obvio sentía miedo de no ser capaz; de no hablar inglés, ni balinés… de no tener nada fijo. No tenía ninguna estructura que me tuviera en control, pero sí una red de apoyo incondicional y amorosa. Esta historia está siendo contada porque pude poner mis miedos al margen, sino estaría en cualquier otro lugar buscando la certeza de lo conocido.


Dos días antes de mi llegada, en un grupo de chicas en Bali, vi una publicación de una persona conocida en la que decía que buscaba un espacio para vivir un mes. Acá es hora de presentarles a Grace.


Hace años, muchos, más o menos 5 o 6, mi amigo Juan Diego me dijo: ¡tienes que conocer a Grace! Ella vivía en Colombia en una ciudad diferente a la mía, y cómo nos dedicamos a lo mismo, ella iba a hacer un taller presencial en mi ciudad y nos pusimos en contacto, nos seguimos en redes y hasta ahí. Ahora estaba ella ahí, en Bali, había llegado unos pocos días antes que yo. Y ahora es cuando la correspondencia de almas hace su trabajo perfecto y mirar hacia atrás y entenderlo todo es como sentir que la vida está alineada así no podamos entenderlo.


Le escribí, le pregunté cómo iba y me contó que con su experiencia, los hoteles en la vida real no se parecían a los de las fotos en la aplicaciones para alquilar, que me recomendaba que fuera personalmente a verlos antes de tomar una decisión.


Llegué, pasé dos noches en el hotel, que para felicidad y buena sorpresa mía estaba impecable. Ahí le pedí el favor a Grace que si buscaba algo para mí, ella que estaba en Ubud y podía ir a ver como era en realidad todo. Cancelé mi reserva para estar en el mar, ya llegará el momento…Buscó en lugares cercanos y todo estaba ocupado… lo único que yo tenía claro es que el lugar perfecto para mí aparecería.


Ella ya estaba en una casa Balinesa, un espacio rentado por una familia local y este incluía el desayuno. Esa mañana antes de hacer check out en el hotel donde yo estaba me dijo: acá hay una habitación para ti, en el lugar donde yo estoy.


La compañera de aventuras que la vida había puesto como regalo para mí en este viaje me recibió en la entrada para ayudarme con las maletas. Nos abrazamos, nos conocimos físicamente y llegué a habitar una semana la casa de ilú y su familia. Ni me imaginaba a donde estaba llegando, no tenía ni idea del regalo que representa hoy ese espacio físico y energético para mi proceso, mi sanación y mi crecimiento espiritual.


Cuando pienso en cómo llegué aquí, tengo que aceptar que al principio lo definí como “suerte”, tener el lindo privilegio de que todo pasara de manera fácil y perfecta. “Sarasuati como siempre con sus historias mágicas de unicornio arcoíris”, me dije a mí misma. Pero eso era no darle valor a mi trabajo, a mi recorrido, era no honrar mi historia. Estoy aquí de manera armoniosa porque tengo la plena certeza de que la vida es simple y mi papel es fluir.


Mi fluidez, el ser capaz de aceptar los momentos y abrazarlos es lo que me da el regalo de vivir esta experiencia y poder vivir la magia de sentir que todo está en perfecto orden; de que todo encaja y que nada estaba ni en mis expectativas ni planeación.


MAGIA es una palabra que uso mucho, que tiene muchos significados y connotaciones para mí, pero la mejor manera de definirla es ver cómo la realidad se muestra mucho más maravillosa de lo que imaginé. Sé que esa realidad viene de mí, viene de mi alineación con la vida misma y el permiso que me doy de recibir.


Hoy quiero que pienses en tu historia y que cambies la suerte por magia, que te reconozcas cada paso y que sepas que todo lo lindo que te pasa es la representación de lo que crees y de lo que creas. Tienes todos los créditos, tienes todo el valor, tu vida es tu obra.


Este lugar está lleno de contrastes, hay muchos turistas, mucho comercio. Las calles se tornan caóticas por su tráfico sin un sentido aparente; no se sabe si una vía es doble vía o no y no hay semáforos o señales de tránsito. Al venir de vivir en Canadá es un poco impactante, pues allá es todo lo contrario, los canadienses tienen una cultura vial que es casi increíble y se entiende sólo cuando se ve.


Lo más curioso de todo es que no se ven peleas o insultos en la calle por el tráfico vehicular, es como si todo transcurriera en una especie de "armonía" que yo por ahora no comprendo.


Al caminar por las calles hay muchas ofrendas en el piso, son unas canastas construidas con hojas y que contienen flores y comida (he visto huevos, galletas, frutas, arroz y carne). Todas van con incienso, por lo que al caminar se siente su olor en toda la calle. Sobre las ofrendas voy a contarles detalles más adelante, pero lo que quiero es que con estas palabras puedan imaginarse el lugar.





Hay ofrendas hermosas, de colores e incienso y también mucha basura en las calles (porque las canecas de basura no son comunes). Es la dualidad hecha ciudad. La desigualdad de los locales con sus rupias y la opulencia de los turistas con sus dólares.


Ahora la parte más importante: las personas. De ninguna manera estoy hablando en términos absolutos, pero al ver a las personas de aquí a los ojos y sentir su corazón es saber que no tienen maldad en su ser, que son nobles, atentos, amorosos y serviciales. Me imagino que existen aquí personas que no son eso, pero yo aún no las he visto. Yo no he viajado mucho, pero crecí en un país donde el calor humano y la cercanía es lo natural. Los latinos abrazamos, expresamos lo que sentimos y somos seres de contacto. Sin embargo, nunca había habitado un lugar que tuviera como base la bondad. Para mí es asombroso, aquí es como estar en un oasis lleno de amor.


Con todo el caos, la desigualdad, el turismo, con todas las variables que podamos imaginarnos en desorden aquí se siente en paz, aquí se siente bonito, acá se respira gratitud.


Esta es la historia de mi experiencia, una que por ahora incluye la vivencia de la cotidianidad, que no estoy en función de conocerlo todo sino de disfrutar cada pequeña cosa. Esto lo estoy contando porque de verdad para mí tiene mucha magia y quiero compartirla con los seres a los que la correspondencia de alma los unan a este relato y que de él puedan llevarse un regalo grande o pequeño para su vida.


 
 
 

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